El discurso es tan eficaz que muchos hemos llegado a interpelarnos y terminamos preguntándonos y cuestionándonos sobre nuestra adhesión política y hasta sobre nuestra propia escala de valores. Desde enero de 2006, los críticos al status quo, nos hemos visto arrinconados en nuestra individual acción, con la fuerza y el ímpetu discursivo de los administradores del poder a la cabeza de Evo Morales y el MAS. La crítica como ejercicio y derecho, transforma su naturaleza en la etiqueta y la reducción. La propaganda actúa como fuerza de sostenimiento y la crítica al régimen es bautizada como la “defensa de la derecha”. Los principios de la “izquierda” habrían sido conquistados por los “revolucionarios” de turno y los que no estén de acuerdo se pasan automáticamente al lado de la “reacción”.

Los Referéndum por Estatutos Autonómicos nos ubicaron en el dilema sobre nuestra adhesión simbólica a un tipo de país, respecto de la defensa o condena de las autonomías, sin posibilidad de cuestionar los alcances mínimos o máximos, establecer debate y proponer alternativa. El Referéndum Revocatorio, actualmente nos sitúa de manera obligada en la posibilidad de defender a personajes como Pepe Lucho Paredes o Mánfred Reyesvilla, por el solo hecho juzgar negativamente la marcha del gobierno y la gestión de Morales. La reducción simbólica y discursiva hábilmente administrada por el gobierno es proponer un disyuntiva maniquea, de que el votar en contra la continuidad del presidente, significaría implícitamente el apoyar a Prefecto opositor que nos tocare.
En el plano mediático, de igual manera, a partir de la voluntad de etiquetar de parte de los inquilinos de la Plaza Murillo y su consecuente reacción en la toma de posición de los medios más influyentes del país, ha implicado a la ciudadanía, proponiendo que criticar al canal 7 es implícitamente asumir la posición de medios como UNITEL o los otros medios del activismo regional e ideológico. Así, la intención es hacernos aparecer defendiendo “por defecto” (antes que por afecto) a la reacción. La posibilidad SI/SI o NO/NO pareciera inconcebible y se torna funcional a los polos del conflicto. Que difícil resulta razonar y proponer censurar con el voto al gobierno sin tener que apoyar a un Manfred o un Pepelucho, conociendo que de ambos polos del conflicto, no se fabrica una sola solución.