agosto 18, 2007

La Asamblea Constituyente en estado de coma


La Asamblea ha entrado en un estado de coma que la obliga a estar en terapia intensiva. Cuando el otrora candidato (favorito) y juez, el Dr. Costa Obregón, propuso la Asamblea Constituyente como pilar de su campaña, fue tildado de loco, inoportuno y hasta irresponsable, por el "stablishment" político de la época. La consigna fue apoyada más tarde por algún que otro candidato y la denominada "agenda de octubre" la puso entre las urgencias nacionales a resolverse en el corto plazo. Carlos Mesa impulsó la idea y dispuso de recursos para hacerla una realidad, asumiendo que él podría ser el gran constructor del nuevo país que se abría paso con "fórceps" y frente a un sistema de partidos que negaba entender la tendencia del imaginario colectivo que se adhería a la propuesta día a día. La interrupción de la gestión Mesa, precipitó que el MAS asuma la consigna y supo subirse al caballo de la historia con gran sentido de oportunidad (y oportunismo).

Hoy la Asamblea es una realidad, pero absolutamente distinta al deseo de la mayoría de los bolivianos que esperaban (conciente o intuitivamente) un nuevo país, resolviendo los problemas seculares y las contradicciones históricas del fundamento legal que nos regía desde varias generaciones atrás. Si el anterior sistema de partidos se "farreó" la democracia, el MAS ha decidido "farrearse" la Constituyente. El escenario Constituyente valió para todo, desde los fundamentalistas masistas (con más velocidad de boca que de cerebro), que propusieron cambios en el nombre del país, cambio de sus símbolos, nueva división territorial y hasta novedosas (aunque confusas) formas de propiedad, como la prioridad del cambio. Basados en la resaca de su festín electoral, creyeron poder hacer y cambiar todo, pero sin orden de prelación y comenzando con los aspectos más frívolos y formales.

Esa falla de origen dio pie a que los adormecidos opositores busquen fórmulas de equilibrio ante la brutal acción avasalladora de los novatos políticos del partido oficialista. Con la misma fórmula de frivolidad, inventaron un argumento sacado de alguna galera de mago y propusieron una premisa formal, que hoy se convierte en "el hoyo del queque" Constituyente: "La famosa capitalidad". Personalmente manifiesto mis dudas si cambiando la sede de los poderes podremos resolver las contradicciones que inspiraron la voluntad del cambio Constituyente o si ese hecho podrá posibilitar el mentado y deseado "nuevo contrato social". Creo que no, pues hay temas mucho más importantes y profundos. Sin embargo la política no siempre se guía por las premisas más racionales y hoy derrochamos neuronas, dedos, tinta y bits, al respecto y el tiempo de vida del instrumento entra en una peligrosa cuenta regresiva. La Asamblea ha fracasado pues ha perdido su legitimidad y su confiabilidad: no ha cumplido los mínimos objetivos, no generado mecanismo ordenadores, no ha promovido liderazgos y menos se orienta a un resultado beneficioso, consensuado e incluyente.

El “jaque” en el que se encuentra el MAS (pues de seguro no es un “mate”), tendrá nuevos capítulos de negociación política. La Autonomía será el valor de cambio con el que se retrucará la acción opositora, sin embargo la única posibilidad posible girará en función de la presión, el chantaje y la tranza política. Los virginales sujetos de la conducción oficial ya no podrán inculpar nada al anterior sistema o al neoliberalismo hechos carne, de sus insuficiencias políticas. No les quedará otra que inaugurar el nuevo sistema político sin más suerte que el reconocimiento del adversario, pues el otro camino es patear el tablero y hacer las cosas “a la mala”. Dios nos libre de tal extremo.

4 comentarios:

V.A.Starosta dijo...

Lo de la constituyente era previsible. Eso pasa cuando se construyen demandas políticas artificiales. Si no nos hubieramos dejado llevar por la palabrería hubieramos entendido que el problema no era la constitución que teníamos (tenemos, sino un problema de mala adminsitración pública, escaso cumplimiento de las leyes y poca cultura democratica.

Anónimo dijo...

La Constituyente no resolverá nada que no pueda ser resuelto en una nueva perspectiva de institucionalidad tan necesaria en el país.

EXENI dijo...

Excelente reflexión, amigo Eduardo.
Tengo entendido que la Constituyente es una demanda que nace en 1990 con la "Marcha por el Territorio y la Dignidad" de los pueblos indígenas de tierras bajas. Así se mantuvo como anhelo-demanda por más de una década. Luego, en efecto, se convirtió en oferta electoral (2002), agenda (octubre 2003), política pública (2004), pacto multipartidario(junio 2005), Ley de Convocatoria, elección de constituyentes e instalación (2006) y, ahora, en escenario de disputa de tensiones irresueltas de la coyuntura y de la historia larga...
Sería realmente lamentable que los bolivianos, por obra de los dirigentes (políticos, sociales, regionales) y por (c)omisión nuestra, terminemos dilapidando este proceso.
Tengo la impresión de que su entierro sería algo así como el fueguito que encienda la mecha de una violencia que la mayoría de ciudadanos no deseamos.
HAY QUE PACTAR: "Sin imposición ni bloqueo", como bien dice El estado de la opinión.

LIBRE PENSADOR dijo...

Gracias por la precisi�n en el origen de la demanda. No es que la haya obviado, pero la menci�n de Costa Obreg�n respond�a a que en aquel momento hist�rico era poco menos que inviable, inoportuno, irracional y hasta irresponsable el solo hecho de pedirla. Para el "stablishment" era suficiente con enmiendas. Por la fuerza de la acumulaci�n hist�rica, la Asamblea es una realidad, es la gran oportunidad hist�rica de plasmar el deseado cambio, pero me ratifico en enfatizar tambi�n que lo formal est� poniendo en riesgo los de fondo.